De Malaquías a Mateo (Los 400 años de silencio): El Periodo Intertestamentario

De Malaquías a Mateo (Los 400 años de silencio): El Periodo Intertestamentario

Hermanas, antes de entrar al Nuevo Testamento, debemos detenernos un poco. A pesar de que Malaquías y Mateo están separados por una sola página en tu Biblia, esta página equivale a 400 años en donde parece que Dios estuvo en silencio. Al término de Malaquías no hubo ninguna palabra profética durante 4 siglos. Pero, aunque ninguna escritura fue dada durante este periodo, Dios seguía trabajando.   ¡Así que agárrate de tu asiento! Esta publicación estará empapada de 400 años de sucesos que en tus clases de Historia en tu juventud parecieron irrelevantes. En esta breve reseña conoceremos la soberanía de Dios sobre el tiempo y veremos cómo fue preparando al mundo para la llegada de su Hijo. Comprenderemos cómo Dios cuidó cada detalle para enviar a Jesús, quien redimiría a quienes estuvieran bajo su ley y así pudieran recibir la adopción como hijos del Padre (Ga 4:4-6).

“La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce; sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido. Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra.” (Daniel 2: 32-35)

¿Recuerdas a Daniel y el extraño sueño que tuvo el rey Nabucodonosor? La tradición nos dice que la cabeza de oro es Babilonia, los brazos de plata hacen relación a los medos, el vientre y los muslos de bronce significan Grecia y, finalmente, el reino de hierro y arcilla (un reino dividido), Roma. Después, una roca que traerá fin a todos los reinos y que permanecerá para siempre: el reinado de Jesús. Esta es exactamente la línea de tiempo que vamos a estudiar. Dios había prometido estos dolores, estos reinos y estas conquistas antes de su primera venida. Como veremos, Dios cumplió su palabra al pie de la letra.

Terminamos Malaquías viendo a Israel de regreso a la tierra prometida. Había sido exiliado en Babilonia y, después, bajo la autoridad del rey medo-persa, Ciro, regresó y reconstruyó Jerusalén. Aún de vuelta a casa, Israel no era un pueblo libre. Pagaba impuestos y estaba bajo el control del Imperio persa. Sin embargo, durante este reinado, Dios les dio gracia y Ciro les permitió adorarlo libremente.  

En el año 331 a.C., Dios levantó a un líder de 24 años que derrotó y conquistó a los persas: Alejandro Magno. Alejandro III de Macedonia o Alejandro Magno, fue un rey del antiguo reino griego de Macedonia. Él estudió bajo la tutela de Aristóteles. Durante este periodo, surgieron tres filósofos principales en Grecia: Sócrates, que fue instructor de Platón, quien a su vez tuvo a Aristóteles como alumno. Aristóteles se caracteriza por haber tenido una gran ambición. Esta ambición se basaba en unificar todos los campos del conocimiento en una filosofía agregada. Era tan grande su obsesión con esta idea que se la inculcó a Alejandro. Así que cuando este gran joven, este genio militar llegó al poder, la influencia de su maestro lo llevó a intentar unificar todas sus conquistas y a querer hacerlas como todos los griegos. De esta forma fue como comenzó la helenización del mundo antiguo. Por supuesto, Alejandro esperaba que cada grupo conquistado por él se comportara como los griegos, hablara su idioma y llegara a tal punto que no existiera diferencia entre culturas. Este cambio drástico en la historia del mundo tuvo tanto impacto que es la razón por la cual el Nuevo Testamento de la Biblia está escrito en griego .No obstante, una hazaña increíble fue que, aunque Alejandro impuso su cultura sobre todas las demás, Dios protegió a su pueblo para que no cayera y permaneciera con sus tradiciones judías y con su Dios.

El fin de la vida de Alejandro llegó en el año 327 a.C. en Babilonia. Al morir, su reino se dividió entre todos sus generales. Hubo una gran lucha de poderes, pero al final, quedaron dos grupos principales, los ptolomeos y los seléucidas. Al principio, Israel fue controlado por los ptolomeos, no obstante, más adelante, en 198 a.C., Antíoco III conquistó Israel y lo anexó a los seléucidas, que también controlaban a Siria. Antíoco estaba empeñado en helenizar a Israel, por lo que trató de imponer su cultura, filosofía, religión, lengua y demás por medio de la violencia.  Un pequeño grupo de judíos conservadores ortodoxos, los judíos jasídicos, se opuso ferozmente a este proceso. Sin embargo, muchos sucumbieron ante la presión y comenzaron a comportarse como los griegos. A pesar de todo lo que estaba sucediendo, Dios continuó protegiendo a su remanente. Fue durante este tiempo cuando muchos grupos surgieron para oponerse. Un ejemplo claro son los fariseos, quienes emergieron en oposición a la helenización en Israel.

Años más tarde, alrededor del año 175 a.C., después de la muerte de Antíoco III, Antíoco Epífanes estuvo a cargo del Imperio seléucida. ¡Este hombre estaba loco! Él se nombraba Epífanes porque creía que era Dios manifiesto. Durante algún tiempo persiguió brutalmente a los judíos, quienes lo llamaban Apímenes o Antíoco el Loco. Cualquier actividad relacionada al cristianismo, como poseer la Biblia hebrea, o incluso una parte de ella, guardar el sabbath o practicar la circuncisión, se castigaba con la muerte.  Sí, conociste a este emperador en tus clases de Historia. Él fue quien profanó el templo y sacrificó a un cerdo en el altar. Definitivamente el pueblo judío no pudo tolerarlo, así que en el 164 a.C., el pueblo de Dios se rebeló. Un judío, Matatías, se levantó en contra de Antíoco y armó una rebelión. Él tenía 5 hijos y cada uno lo apoyó en su insurrección en contra de las políticas que el emperador había establecido. Matatías murió, pero su hijo, Judas Macabeo, se levantó como un héroe nacional cuando continuó defendiendo a su pueblo al oponerse a los seléucidas. Judas salió victorioso ganando la libertad religiosa y el culto libre en el templo de Israel. A partir del 142 a.C., el segundo templo fue dedicado de nuevo y, desde entonces, Janucá se celebra en memoria de la victoria de Judas Macabeo.

Los judíos gozaron de esta libertad hasta el 62 a.C., cuando Dios levantó al Imperio romano que conquistó a Grecia. El general Pompeyo de Roma fue quien conquistó Israel. Los romanos tenían un reino enorme, así que, en un intento por gobernar mejor cada región, nombraron reyes locales. En el 40 a.C., Roma nombró a Herodes el Grande como gobernador de Israel. Como nota, Herodes era descendiente idumeo de Esaú, quien de nombre era judío pero que realmente amaba explotar su posición de poder sobre Judea. Fue cruel y muy violento. Herodes gobernó bajo la autoridad de Octavio y más tarde de Marco Antonio (sí, el amante de Cleopatra de Egipto).

Después de habernos ubicado en el contexto histórico, podemos comenzar con el Nuevo Testamento. Pudimos ver y entender el sufrimiento y la brutalidad que sufrió la nación judía.  Los israelitas ya estaban cansados del dominio de Roma a través de Herodes III, quien era considerado un traidor. La fatiga los hizo olvidar a Dios por completo. Hay algunos que se levantaron e impusieron requisitos religiosos difíciles de alcanzar sobre el pueblo judío. Todavía hubo quieres oraban por el Mesías, pero, en general, hay un espíritu de derrota, un gemido, un duelo y un deseo indomable de justicia. Pero Dios, Dios seguía trabajando. El poder de todos estos reinos, las tribulaciones, los altibajos de ser conquistados una y otra, y otra vez, estaban bajo el mando de Dios. Dios todavía los llamaba a permanecer santos, a tener una relación con Él, a creer que, a pesar de la realidad, los fieles reconocerían y verían que el Mesías prometido estaba por llegar.

Así que hermana, incluso en tu espera y en tus pruebas, aun en momentos en que puedes sentirte derrotada y caer en la desesperación, incluso cuando Dios parezca estar en silencio, debes recordar que nunca lo está. Él está preparando el escenario para algo más grande, para cumplir su increíble plan. No sé dónde estás hoy, no sé el sufrimiento por el que puedes estar pasando, no sé si estás viviendo bajo la regla de un gobernante loco o si estás pasando por una etapa de paz, pero necesito que sepas dos cosas. Primero, Dios está trabajando. Dios sigue rescatando y restaurando personas a través de su Hijo. Él quiere continuar diseminando a Jesús como la única esperanza real que tenemos. No es un gobierno, no es un político, no es el dinero, ni tu matrimonio ni tus hijos, es Jesús. Él es nuestra única esperanza hoy. Segundo, Dios no olvida. En medio de las pruebas y de la enfermedad, en medio de la paz y de la comodidad, Él está esperando para que el tiempo se cumpla y regrese a la Tierra. Cuando lo haga, toda la espera, el silencio, el dolor y las lágrimas terminarán. Sólo los que estemos en Cristo lo veremos y encontraremos consuelo, amor, paz y la alegría que tanto anhelamos.   Que este periodo intertestamentario te brinde esperanza mientras gimes y esperas la segunda venida de Jesús.
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A tu lado en oración #cautivadaenSugracia

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