La Doctrina del Sufrimiento- El Catecismo de Heidelberg preg. 7

La Doctrina del Sufrimiento- El Catecismo de Heidelberg preg. 7

Pregunta: ¿De dónde procede esta corrupción de la naturaleza humana?
Respuesta: De la caída y desobediencia de nuestros primeros padres Adán y Eva en el paraíso, por ello, nuestra naturaleza ha quedado de tal manera corrompida, que todos somos concebidos y nacidos en pecado.
Lee los siguientes versículos: Gen. 3, Rom. 5:12, 18-19, Ps. 51:5.

Nos encontramos en un estado constante de perplejidad cuestionando por qué nos pasan cosas malas. Estamos constantemente desilusionados por el dolor y el quebrantamiento en nuestras vidas, en nuestras circunstancias, en nuestro mundo. Es una lucha tan grande que muchos de los libros más vendidos tratan de entender por qué suceden cosas malas en nuestras vidas. La pregunta 7 del Catecismo de Heidelberg nos permite obtener una comprensión bíblica de esto. Estudiemos la doctrina del sufrimiento a través de esta pregunta.

En nuestro último blog aprendimos que fuimos creados buenas. Muy buenas, en realidad. Dios hizo todo y estaba satisfecho de Su creación. Y particularmente de la corona de Su creación, la humanidad. Fuimos creados buenas, pero teníamos una opción. Dios, queriendo que lo amáramos por elección, nos dio libre albedrío. De hecho, sus primeras palabras a Adán antes de Su mandamiento con respecto al árbol prohibido fueron: “Eres libre … [para comer de cada árbol del jardín] …” (Gn. 2:16). Su plan era bueno. Se nos dio la libertad de obedecer nuestro mandato dado por Dios … glorificarlo y disfrutarlo para siempre. Pero Satanás llegó, Eva fue tentada y se plantaron semillas de duda en su corazón. Dudando la bondad de Dios, Adán y Eva eligieron desobedecer y hacer lo único que Dios les había dicho que no hicieran. Y con esa pequeña elección, la consecuencia que Dios había dicho que sucedería, entraría a nuestro mundo. “Ciertamente morirás” (Gn 3:17).

Ciertamente moriremos. Todo funcionará fuera del orden en que Dios lo creó. Cardos y espinas. Dolor y lágrimas. Decepción y desilusión. Enfermedad, corrupción, quebrantamiento, decadencia. Todo esta muerte inundó nuestro mundo y todo lo que se creó tan bueno comenzó a desmoronarse. Nuestra brújula moral, la cual nos apuntaba a obedecer y glorificar a Dios, apuntaría a otro lugar, a nuestro propio norte y así, comenzaríamos a ver borroso. Nuestros sentimientos tomarían el control y, en lugar de comprender y vivir nuestras vidas en la abundancia de Su presencia, viviríamos una existencia borrosa, rota y errante.

Vivimos en la corrupción de la naturaleza. En la corrupción de nuestra propia naturaleza. Queremos hacer el bien, pero simplemente no podemos (Romanos 7: 15-20). Vivimos sintiendo el peso del mal en la boca de nuestro estómago, en la profundidad de nuestras almas. Gimiendo (Romanos 8:22). Recordando en lo profundo de nuestros corazones lo que debería ser (Eclesiastés 3:11).

Sin embargo, hay esperanza porque Dios no nos envió fuera de su presencia para vagar por ahí al azar. En nuestro destierro nos dio esperanza. La esperanza de que un día lo restauraría todo. La esperanza de que nuestra naturaleza pecaminosa, nuestra voluntad caída que constantemente hace lo que sabemos que no debemos hacer, sería redimida. En Su asombroso amor, Él no nos dejó vagar sin rumbo, sino que nos dio una promesa de esperanza de gloria futura: Jesús.

Y aunque en esta vida vamos a luchar contra la muerte y la decadencia, con el quebrantamiento y la corrupción de nuestras almas, llegará un día donde Jesús reinará y todas los que ponemos nuestra fe en Él, viviremos restauradas, regeneradas y regocijandonos, porque todo será como Dios quiso que fuera. Así que animo, querida hermana, porque hoy en el quebrantamiento de nuestro mundo y nuestra naturaleza caída tienes una gran esperanza en Cristo.

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En esperanza. #cautivadaensugracia #enthralledbygrace
@cautivadaenSugracia

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