La providencia de Dios en nuestros éxitos- Catecismo te Heidelberg: pregunta 28

La providencia de Dios en nuestros éxitos- Catecismo te Heidelberg: pregunta 28

Pregunta: ¿Qué utilidad tiene para nosotros este conocimiento de la creación y providencia divina? Respuesta: Que en toda adversidad tengamos paciencia (a), en la prosperidad seamos agradecidos (b), y que tengamos puesta en el futuro toda nuestra esperanza en Dios nuestro padre fidelísimo (c) sabiendo con certeza que no hay cosa que nos pueda apartar de su amor (d), pues todas las criaturas están sujetas a su poder de tal manera que no pueden hacer nada sin su voluntad (e). Versículos de apoyo: (a) Romanos 5:4; Santiago 1:3; Salmos 39:9; Job 1:21, 22. (b) 1 Tesalonicenses 5:18; Deuteronomio 8:10. (c) Salmos 55:22; Romanos 5:4. (d) Romanos 8:38,39. (e) Job 1:12, 2:6; Proverbios 21:1; Hechos 17:25.

¿Cuántas veces has escuchado decir a alguien lo suertuda que es o cuánto merecía obtener algo? Como humildes cristianas que somos, tal vez no lo digamos pero definitivamente lo pensamos. “¡Claro que lo merezco!, ¡he trabajado duro para lograrlo!”, o “¡puaj, mírala!, ¿cómo espera conseguir lo que quiere si no hace su mejor esfuerzo? No, no se lo merece.” Creemos que nuestros éxitos son simplemente el resultado de nuestras acciones. Pero, hermana, pensar de esta forma nos impide reconocer que Dios debe ser glorificado en todo lo que pasa es nuestras vidas.  En el estudio anterior estudiamos cómo la doctrina de la providencia afecta nuestras tribulaciones, pero, ¿cómo afecta la providencia de Dios nuestros éxitos? ¡Respondamos esta pregunta mientras estudiamos la pregunta 28 del Catecismo de Heidelberg!

La providencia, como vimos, simplemente significa que Dios, quien creó todo, está involucrado en cada aspecto de su creación. La Biblia nos lo demuestra:

Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas? (Mateo 6:26)

Y todos los habitantes de la tierra son considerados como nada, mas Él actúa conforme a su voluntad en el ejército del cielo y entre los habitantes de la tierra; nadie puede detener su mano, ni decirle: “¿Qué has hecho?”(Daniel 4:35)

¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Y sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin permitirlo vuestro Padre. (Mateo 10:29)

La mente del hombre planea su camino, pero el Señor dirige sus pasos. (Proverbios 16:9)

Estos son algunos ejemplos, pero existen muchos más.

Hermana, es imprescindible que comprendamos que nada de lo que sucede en el mundo o en nuestras vidas sorprende a Dios. ¡Para nada! Dios lo ve todo. Él lo sabe todo y lo mantiene bajo control. Sin embargo, cuando todo marcha bien, el orgullo tiende a crecer y nos damos el lujo de creer que fue gracias a nosotras mismas. Todo se trata de nosotras: mi trabajo, mi inteligencia, mis relaciones, mi belleza, mis grandes sacrificios, mi trabajo. “¡Yo lo logré todo!” Es fácil, créeme, olvidarnos de la providencia de Dios. Cuando entendemos que todo pasa porque Dios así lo quiere, porque Él tiene el control sobre todo, debemos vivir caminando en la libertad de Cristo, y esta libertad permitirá que no nos vayamos a los extremos.

Para que esto suceda, debemos recordar que la providencia de Dios no nos absuelve de la responsabilidad que tenemos como humanos. Sí, Él tiene el control, pero seguimos siendo responsables de nuestras acciones, y estas siempre tienen consecuencias. Dios es soberano, pero toma en cuenta nuestra libertad de decisión y de ahí parte para cumplir su propósito y su buena voluntad.

Esta verdad es hermosa de parte de Dios hacia nosotras. Entenderla nos ayuda a comprender que todo lo que hacemos a diario sucede porque Dios está trabajando en y a través de nosotras. Él está pensando en nuestro corazón. Trabajamos duro porque Dios vive en nosotras. Cuidamos de nuestro cuerpo porque Dios está trabajando en él. Somos buenas estudiantes porque Dios nos empodera. En su buena voluntad, obtenemos un ascenso, nos fortalecemos, nos graduamos con honores, y muchas más cosas buenas nos suceden. Dios nos da la voluntad, la salud, los medios y, así, Él recibe el honor y la gloria a pesar cuánto nos hayamos esforzado dentro de las circunstancias en las que Él nos puso. En ocasiones, la mentalidad de “hice para obtener” se infiltra en nuestros pensamientos y acciones cuando se refiere a la salvación. Por eso es primordial que entiendas este concepto: Dios es soberano, pero tú fuiste responsable de tus acciones. “Así que, amados míos, tal como siempre habéis obedecido, no sólo en mi presencia, sino ahora mucho más en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor; porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito.” (Filipenses 2: 12-13)

No somos salvas por nuestras acciones, sino por la gracia de Dios a través de la fe en Cristo Jesús. Sin embargo, obedecemos y nos esforzamos porque la salvación nos hace obedientes.  Dios, que nos ha salvado por su gracia y para su gloria, nos ha concedido libertad en Cristo. Como mujeres salvas, es Dios quien trabaja en y a través de nosotras. Su salvación nos empodera para obedecerlo, pero nosotras, tú y yo, lo hacemos con diligencia y temor. Toda la gracia de Dios, todos mis esfuerzos.

Ahora, cuando pensamos que cada resultado en nuestras vidas viene como consecuencia de nuestras acciones, le robamos la gloria a Dios y podemos caer en legalismo. La comprensión de la providencia de Dios, además de darnos libertad, nos permite esforzarnos en respuesta a la gracia de Dios. La obediencia se convierte en una progresión natural de nuestra salvación. Por otro lado, si crees que tus acciones no tienen importancia en lo absoluto porque Dios ya lo ha decidido todo, caerás en libertinaje. Dios te ha dado opciones y libertad, pero sigues siendo responsable de ellas. No puedes ser floja e indulgente y sentarte a hacer nada pues “así lo decidió Dios”. La obediencia y el esfuerzo son necesarios para obtener resultados dictados por la providencia de Dios. La obediencia es un producto o un fruto de tu salvación.  La comprensión de la providencia de Dios nos da paz y consuelo cuando nos enfrentamos a tribulaciones y nos permite darle la gloria a Dios en nuestros éxitos. La providencia de Dios nos mantiene en el camino recto y estrecho.

Querida hermana, ahora que hemos completado el estudio de la providencia de Dios en nuestros éxitos quiero preguntarte: ¿te esfuerzas por hacer bien para que Dios te salve o para que te ame y acepte más, o vives una vida dando el mínimo esfuerzo pues piensas que ahora que eres salva tus acciones no importan?  Si te encuentras en cualquiera de estos extremos, ¿orarás para que Dios te permita vivir en la libertad de Cristo?

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En fe. #cautivadaensugracia
@cautivadaensugracia #enthralledbygrace

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