El Señorío de Cristo- Catecismo de Heidelberg: pregunta 34

El Señorío de Cristo- Catecismo de Heidelberg: pregunta 34

Pregunta: ¿Por qué le llamamos nuestro Señor?
Respuesta: Porque rescatando nuestros cuerpos y almas de los pecados, no con oro o plata, sino con su preciosa sangre, y librándonos del poder del diablo, nos ha hecho suyos (a).
Versículos de apoyo: (a) 1 Pedro 1:18, 19; 2:9; 1 Corintios 6:20, 1 Timoteo 2:6; Juan 20:28.

Uno de los pasajes de la Biblia que más impacto tiene en mi vida y más miedo me da es el de Mateo 7:22-23. Este dice que quienes hayan hecho cosas en nombre de Jesús sin haberlo conocerlo, irán al infierno. ¿Por qué? Porque muchos creen que la fe en Cristo significa hacer una oración y continuar con sus vidas como si nada sin entender que Jesús no solo es Salvador, también es el Señor. Y como Jesús bien dice en estos versículos, si Él no los conoció, les pedirá que se aparten. La fe que salva es la fe que se somete y, siendo honestas, en nuestros días, no queremos someternos a nadie más que a nosotras mismas. En una cultura que ama la gracia pero odia la verdad, en un mundo que distorsiona las Escrituras para que se ajusten a sus deseos, ¿cómo debe sostenernos el entendimiento del señorío de Cristo? Estudiemos la pregunta 34 del Catecismo de Heidelberg para comprenderlo.

Cuando creas un proyecto, ¿a quién le pertenece? O cuando inventas un nuevo producto o método, ¿a quién le pertenece? La respuesta, por supuesto, es a ti. Tú lo creaste, lo inventaste y, por lo tanto, puedes hacer lo que quieras con esa creación. Lo mismo ocurre con todo en el universo. Dios lo hizo, en consecuencia, Él es soberano sobre todo, a Él le pertenece. Afortunadamente, Dios no es un anarquista totalitario, es un Rey benévolo. Dios gobierna su creación con gentileza y amor. Mi punto es que Jesús es el Señor de todo, ya sea que estés de acuerdo o no, lo es simplemente porque es Él es el Creador, y tú fuiste hecho por Él, así que le perteneces.

Veamos otro ejemplo. Cuando vas al mercado y compras un kilo de mangos, ¿a quién le pertenecen? Cuando compras un carro, ¿de quién es? O cuando pagas un terreno, ¿quién es responsable de hacer con él lo que quiera? Una vez más, los mangos te pertenecen a ti, el carro es tuyo y de ti depende lo que se haga con esa tierra. Tú pagaste un precio y eres el propietario de cada uno de esos bienes. Lo mismo sucede con los hijos de Dios, o sea, nosotros. 1 Corintios 6:19-20 dice que no somos de nosotros porque fuimos comprados con un precio, la sangre de Jesús, por lo tanto, debemos glorificar a Dios con nuestro cuerpo y espíritu, los cuales le pertenecen a Dios.

Hermana, cuando por la gracia de Dios a través de Cristo fuiste adoptada en la familia de Dios, te convertiste en suya doblemente. Primero porque Él te creó, y segundo, porque después de haber pecado, te perdonó y te adoptó. Simple: Jesús te compró entregando hasta su última gota de sangre para salvarte. Él se convirtió en tu Señor, en tu propietario. Afortunadamente, Él es bueno. ¡Oh, Dios muy bueno! ¡Tan bueno que nos enseña el camino de entrega y arrepentimiento para que podamos encontrar gozo!

Así que, después de tantos ejemplos, ¿qué significa el señorío de Cristo? Bueno, significa que tu fe en Cristo es aquella que se somete a Él, que sigue sus pasos y confía plenamente en Jesús. Por definición, la fe salvadora es fe obediente. Creemos y actuamos de acuerdo a esa creencia. Creemos en quién es Él y lo que dice, por ende nos sometemos y lo obedecemos. La fe salvadora es fe en acción y no únicamente de palabra. ¡Vaya! Si te dijera que conozco una crema facial que te hará lucir más joven, ¿no la comprarías? ¡Claro! Y en cuanto la comenzaras a usar actuarías de acuerdo a los beneficios que crees que esa crema tiene. Lo mismo pasa con Jesús. Tus acciones apuntan a una confianza o a una desconfianza. Si tú le obedeces en lo que Él te pide, estás probando que le crees. Si no lo haces, estás reflejando que tu fe es de palabra pero no de hechos. Tener fe en Cristo significa que te someterás, obedecerás y confiarás en Él, de lo contrario, puedes estar engañándote a ti misma y tu fe puede no ser real.
Al terminar con el estudio de esta pregunta, querida hermana, te ruego que pienses en tu obediencia a Cristo. ¿Está marcada tu vida por una fe que se somete y obedece y que cuando cae se arrepiente, o simplemente dices que tienes fe en Cristo pero no le obedeces? Y si tu fe no es una fe que se somete, ¿te arrepentirías y pondrías tu fe en Jesús?
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“La salvación sin obediencia es desconocida en las Sagradas Escrituras… Sin obediencia, no puede haber salvación, porque la salvación sin obediencia es una imposibilidad autocontradictoria.” – AW Pink
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