De vida a vida eterna-Catecismo de Heidelberg: pregunta 42

De vida a vida eterna-Catecismo de Heidelberg: pregunta 42

Pregunta: Ya que Cristo murió por nosotros, ¿por qué hemos de morir también nosotros?
Respuesta: Nuestra muerte no es una satisfacción por nuestros pecados (a), sino una liberación del pecado y un paso hacia la vida eterna (b).
Versículos de apoyo: (a) Marcos 8:37; Salmos 49:7. (b)Filipenses 1:23; Juan 5:24; Romanos 7:24.

Odio la muerte. Odio el vacío que la muerte crea. Odio la ansiedad, el shock y la herida de la muerte. Odio la pérdida de alguien especial por la muerte. Odio la muerte y desearía que la muerte no existiera más. Dicho esto, por la gracia de Dios, poco a poco he empezado a entender que la muerte es parte de su gracia. Sé que esto puede sonar muy raro dado mis sentimientos hacia la muerte, pero verás a qué me refiero en este estudio de la pregunta 42 del Catecismo de Heidelberg.

Dios creó todo y todo era bueno. Todo funcionaba correctamente. Todo era perfecto. También creó Dios a un hombre y a una mujer. Ellos eran muy buenos y Dios los colocó en un hermoso jardín, en un paraíso. Iban y venían libremente mientras disfrutaban la creación de Dios. El cordero y el león jugaban juntos y Adán y Eva no temían que nada ni nadie les hicieran daño. Vivían en la libertad plena de Dios y tenían una comunión diaria con su Padre. Dentro de este hermoso panorama, solo había una regla que debían seguir: no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal porque, en caso de hacerlo, morirían. Si lo analizamos un poco, ellos tenían muchas más opciones para alimentarse en ese bello jardín, incluido el árbol de la vida (Gn 2:9). Sin embargo, Adán y Eva, tentados por Satanás, optaron por desobedecer a Dios y, con un bocado del fruto prohibido, la muerte entró al mundo. Dios, en su gracia, los expulsó inmediatamente del jardín del Edén porque, si en ese estado hubieran comido del árbol de la vida, habrían vivido en esa condición por la eternidad (Gn 3:22-24). Para que eso no sucediera, Dios les prometió un salvador (Gn 3:15).

A partir de ese evento, el mundo se plagó de muerte, corrupción y decadencia. Lo vemos todos los días. Lo sentimos y experimentamos a cada momento en nuestros cuerpos. Nada funciona como debería y la vida es difícil. Incluso como mujeres justificadas o salvadas por la fe en Jesús, sufrimos el resultado de vivir en un mundo caído. Sí, Jesús derrotó a la muerte en la cruz, pero esta victoria todavía no se manifiesta en su totalidad (1 Co 15:26). Gracias a que estamos en Cristo, no hay condenación para nosotras (Ro 8:1). El día en que nuestra hora de partir llegue, nuestros cuerpos en descomposición se quedarán atrás y entraremos al paraíso con Cristo. Cuando Él regrese, nuestros cuerpos serán resucitados en cuerpos glorificados, restaurados y perfectos.

La muerte ya no es un castigo, sino el paso de una vida en descomposición que habita en un cuerpo y en un mundo en descomposición, hacia la vida eterna con Jesús hasta que nuestros cuerpos resuciten y lleguen los nuevos cielos y la nueva tierra en donde viviremos con Dios por toda la eternidad. Como lo expresa Pablo, los que mueren simplemente se han “dormido” (1 Col 15: 6, 15:18, 15:20, 1 Ts 4: 14-15) esperando el día glorioso del regreso de Jesús.

Así que hermana, hoy sigo llorando la muerte. Su aguijón todavía duele. Pero al meditar sobre la muerte de Cristo y las promesas de gracia futura que existen en Él, ese aguijón se vuelve menos doloroso porque ahora sé que, debido a Jesús, la muerte física es simplemente un pasaje de la vida en este mundo que nos llevará a la vida eterna (Jn 5:24), es un simple “hasta luego”. Que esta verdad te anime a seguir compartiendo el Evangelio de Jesucristo para que la realidad de la gloria futura en Él sea la esperanza para aquellos con quienes compartes la buena nueva de que Jesús salva a los pecadores.

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Solo en Cristo. #cautivadaensugracia
@cautivadaensugracia #enthralledbygrace

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