Firme esperanza en el Rey- Catecismo de Heidelberg: pregunta 49

Firme esperanza en el Rey- Catecismo de Heidelberg: pregunta 49

Pregunta: ¿Qué beneficios nos da la ascensión de Cristo al Cielo?
Respuesta: Primero, Él es nuestro intercesor en el Cielo delante del Padre (a). Segundo, que tenemos nuestra carne en el Cielo para que, por ello, como una garantía, estemos seguros de que Él, siendo nuestra cabeza, nos atraerá a sí mismo como miembros suyos (b). Tercero, que desde allí nos envía a su Espíritu como prenda recíproca (c), por cuya virtud buscamos no las cosas de la Tierra, sino las de arriba, donde está sentado a la diestra de Dios (d).
Versículos de apoyo: (a) 1 Juan 2:1; Romanos 8:34. (b) Juan 14:2,17:24, 20:17; Efesios 2:6. (c) Juan 14:16, 16:7; Hechos 2:33; 2 Corintios 1:22, 5:5. (d) Colosenses 3:1.

Este mundo me causa dolor. Una joven y querida hermana de la iglesia está muriendo a causa del cáncer. En Nigeria varios hermanos y hermanas en Cristo fueron masacrados. La gente de Yemen está sufriendo hambruna. Hay una crisis mundial de refugiados. 10 millones de bebés han sido abortados hasta el momento en lo que va del año.  Estoy cansada de ver tanta devastación y destrucción en el mundo. En momentos como este, simplemente grito: ¡Maranata! ¡Vuelve Jesús!, ¡vuelve pronto! Sin embargo, aunque la desesperación es grande, el entender la ascensión me permite recordar que, aun cuando hay tiniebla y oscuridad, Cristo reina.

En la pregunta 49 del Catecismo de Heidelberg exploraremos cuál es el significado y las implicaciones de la ascensión de Cristo en nuestras vidas. Para mí, esta publicación es personal. ¿Cómo puede ayudarnos el entender la ascensión a quienes tenemos dolor en el alma y luchamos con el sufrimiento de nuestras vidas y del mundo? Conforme estudiamos esta pregunta, oro para que hoy, querida hermana, seas animada y alentada como yo lo he sido. ¡Empecemos!

¿Alguna vez te has preguntado cómo dos frases tan similarespronunciadas por Jesús tuvieron reacciones tan diferentes? Cuando Jesús dijo por primera vez que “se iba”, antes de la traición de Judas, los apóstoles se llenaron de miedo y huyeron. Por el contrario, después de la resurrección, cuando Jesús repitió esas palabras, los discípulos lo adoraron y tuvieron gran gozo (Lc 24:52). La diferencia es que cuando Jesús “se iba” por segunda vez, regresaba al Cielo en una nube para sentarse en el trono como el Rey del mundo. Los apóstoles pudieron gozarseincluso cuando experimentaban sufrimiento. Ellos pudieron entender que vivían bajo el dominio de un rey bueno, poderoso y fiel.

Déjame contarte algo más. Cuando Jesús murió, el velo del templo se rasgó (Mt 27: 50-51). Este velo era una cortina gruesa, alta y pesada que se rasgó de arriba hacia abajo. Este velo dividía la parte santa del templo del lugar santísimo de la no santa. El único que podía entrar al lugar santísimo era el sumo sacerdote y solo una vez al año. Aparte de él, no había nadie más que pudiera hacerlo. Además, si el sumo sacerdote no estaba completa y reglamentariamente limpio, se arriesgaba a morir. La rasgadura física del velo simboliza la separación espiritual que existía entre Dios y nosotros. La división desapareció gracias al sacrificio de  Cristo.  Por lo tanto, la ascensión de Cristo también significa que ya tenemos acceso al trono de la gracia, el lugar en el que Dios está sentado. En la ascensión, Jesús mostró que Él es el sacrificio justo, el sumo sacerdote y el mediador. Él intercede por nosotros siempre (Heb7:25). Mientras Él hace oraciones perfectas y eternas por nosotros, sus plegarias son contestadas porque Él mismo es el sumo sacerdote y rey.

Ahora, ¿por qué tanto mal? (por cierto, mal significa desastre y no el mal moral). Veamos esta frase de Lutero: “Cuando Dios obra en y por los hombres malvados, se producen malas acciones, sin embargo, Dios, aunque Él hace el mal por medio de hombres malvados, no puede actuar mal por sí mismo porque Él es bueno y no puede hacer el mal; pero Él usa instrumentos malvados que no pueden escapar al impulso y movimiento de su poder.”

Sí, Dios es soberano, pero no es Él quien hace el mal, sinoSatanás o criaturas malvadas y pecaminosas. Incluso cuando sufrimos y nos duele el alma, sabemos que el Rey de reyes, nuestro buen sumo sacerdote y mediador, está usando todas estas cosas para bien. Dios no está complacido con el mal que ocurre, pero no permitirá que el mal pase sin que tenga un propósito. Dios toma el mal y produce bien: la santificación, el testimonio, su gloria, nuestro gozo.

Así que, querida hermana, si te sientes cansada y te duele el alma, debes saber que Dios, quien no hace nada malo pero es soberano sobre lo malo, usa todo para bien (Gn 50:20, Ro 8:28). ¡Ánimo, hermana, Jesús gobierna y ora por ti! El dolor y la pesadez del corazón resultarán en su gloria y en nuestro gozo.
____
En fe #cautivadaensugracia
@cautivadaensugracia #enthralledbygrace

Leave a Reply

Your email address will not be published.