El gran ayudador- Catecismo de Heidelberg: pregunta 53

El gran ayudador- Catecismo de Heidelberg: pregunta 53

Pregunta: ¿Qué crees del Espíritu Santo?
Respuesta: Que, con el eterno Padre e Hijo, es verdadero y eterno Dios (a). Y que viene a morar en mí (b) para que, por la verdadera fe, me haga participante de Cristo y de todos sus beneficios (c), me consuele (d) y quede conmigo eternamente (e).
Versículos de apoyo: (a) 1 Juan 5:7; Génesis 1:2; Isaías 48:16; 1 Corintios 3:16, 6:19; Hechos 5:3, 4. (b) Gálatas 4:6; Mateo 28:19, 20; 2 Corintios 1:22; Efesios 1:13. (c) Gálatas 3:14; 1 Pedro 1:2; 1 Corintios 6:17. (d) Juan 15:26; Hechos 9:31. (e)Juan 14:16; 1 Pedro 4:14.

Cuando mis hijos y yo vemos una película, una pregunta que siempre les hago es si lo que estamos viendo es realidad o ficción. Mis hijos son tan pequeños que si no les explico y señalo lo que es verdadero, factible y real, pueden llegar a pensar que existen monstruos verdes, que los animales pueden hablar y que la gente puede volar. Dios nos conoce tan bien, que sabía que tenía que ser Él mismo quien nos recordara la realidad y es por ello que envió a su Espíritu Santo a morar en nuestros corazones. Exploremos quién es el Espíritu Santo mientras estudiamos la pregunta 53 del Catecismo de Heidelberg.

En los estudios anteriores hemos visto que el Espíritu Santo no es una fuerza etérea que está allá afuera, sino que es Dios y que está con nosotras. El Espíritu Santo es una de las personas de la Trinidad; es plenamente Dios en todos los sentidos al igual que el Padre y el Hijo. Cuando creemos por primera vez en Jesús, el Espíritu Santo sella nuestros corazones (2 Co 1:22, Ef 1:13-14) para confirmar nuestra salvación y para santificarnos a fin de producir en nosotras frutos genuinos que demuestren nuestra adopción. Esto quiere decir que el Espíritu Santo mora en nosotras como garantía de nuestra salvación, de esta manera, cada seguidor de Jesús tiene al Espíritu Santo morando en él. Así que, ¡nunca estamos solas! ¡Dios está con nosotras hasta el fin del mundo! Conocer esta verdad debe impulsarnos a perseguir nuestro propósito terrenal, pues tenemos asegurado nuestro destino eterno.

Cuando comencé a seguir a Cristo me costaba trabajo creer que era creyente y repetía mis oraciones múltiples veces “por si acaso”. Hice esto hasta que finalmente comprendí que el Espíritu Santo me había sellado y que moraba en mí independientemente de mis sentimientos (Ro 8:9). ¡Y no sabes! Entenderlo me dio la libertad de poder vivir una vida enfocada en su reino. Pero, no te voy a mentir, ¡a veces lo olvido! Mi pecado, mis deseos mundanos y mi perspectiva a corto plazo hacen que quite mis ojos de la realidad de Dios y los ponga en mis circunstancias.   Me distraigo tan fácilmente con mis luchas internas que olvido mostrar a Cristo a la gente que me rodea. A veces son los deseos de ser como alguien más y, cuando me comparo, olvido que tengo una gran herencia en Cristo. Por último, me desanimo tan rápidamente que, en lugar de ver el panorama futuro, me estanco en los resultados tangibles del presente. Dios sabía que esto nos sucedería a todos, así que encontró un gran antídoto: ¡Él mismo! El Ayudante, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviaría en su nombre para que nos enseñara todas las cosas y nos recordara todo lo que Él ha dicho (Jn 14:26).

Hermana, necesitamos que el Espíritu Santo nos recuerde la realidad espiritual; que nos recuerde que lo que vemos no es todo lo que hay, sino que vivimos en un campo de batalla en el que Él ya ha vencido. Necesitamos que nos recuerde que nos dirigimos a la eternidad con Jesús, pero que otros a nuestro alrededor se dirigen a un lugar terrible. Tener esto en cuenta me impulsa a vivir una vida mostrando y testificando a Cristo, enseñando y discipulando a otras en el gran amor de Dios.  También me exhorta a no desanimarme por los resultados que no puedo ver y, en lugar de eso, enfocarme en continuarplantando semillas del Evangelio, teniendo la certeza de que Dios hará con estas eso que va de acuerdo a su buen propósito y voluntad. Finalmente, el Espíritu Santo me reprende, me redarguye y me invita a renunciar a la comodidad de no buscar tener una vida fácil, más bien, a luchar por amor a Cristoentendiendo que, cuando Cristo me llame a casa, Él, no mis posesiones terrenales, será mi tesoro.

Yo, al igual que tú, hermana, necesito al Espíritu Santo porque,de lo contrario, olvidaría que la realidad es que hay una eternidad para mí y para mi prójimo. Tener presente esta verdad en mi mente y corazón me llevan a compartir de Jesús a todos lo que me rodean, a dedicar mi vida a Él.

Concluimos este breve estudio de los beneficios del Espíritu Santo y quiero preguntarte, ¿el entendimiento del Espíritu Santo en tu vida te libera para vivir enfocada en el reino de Dios?¿Conoces y experimentas al Espíritu Santo en tu vida? Y si no, ¿le pedirías a Dios que te ayude a escuchar esos susurros del Espíritu Santo?

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En fe #cautivadaensugracia
@cautivadaensugracia #enthralledbygrace

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