Al mismo tiempo santos y pecadores- Catecismo de Heidelberg: pregunta 56

Al mismo tiempo santos y pecadores- Catecismo de Heidelberg: pregunta 56

Pregunta: ¿Qué crees de la remisión de los pecados?
Respuesta: Creo que Dios, por la satisfacción de Cristo, no quiere acordarse jamás de mis pecados ni de mi naturaleza corrompida con la cual debo luchar toda la vida (a), sino que,gratuitamente, me otorga la justicia de Cristo (b) para que yo nunca venga a condenación (c).
Versículos de apoyo: (a) 1 Juan 1:7, 2:2; 2 Corintios 5:19. (b)Romanos 7:23-25; Jeremías 31:34; Miqueas 7:19; Salmos 103:3, 10, 12. (c) Juan 3:18, 5:24.

Probablemente tienes deudas financieras. Imagínate que un díallegara el cobrador y te dijera: “¿Sabes qué, Chuchita? He decidido perdonar todas tus deudas. Es más, ya las pagué por ti.  No solo tus deudas pasadas y presentes, también cualquier deuda futura ha quedado cancelada porque ya he pagado todo.Nadie podrá venir y reclamar esas deudas nunca más. Eres libre”. ¡Ya sé! ¡Tu corazón saltaría de alegría! ¡Sería un momento de paz y de gozo! Bueno, Jesús hizo exactamente lo mismo en la cruz por ti. Él pagó por todos tus pecados. Entonces, la pregunta es, ¿por qué seguimos pecando? Estudiemos la pregunta 56 del Catecismo de Heidelberg y exploremos cómo actúa el perdón de los pecados.

Es determinante que comprendas que naciste pecadora. El pecado reside en ti desde tu primer día de vida. A temprana edadcomenzaste a manifestar el pecado en pequeños actos de rebeldía. Es tu naturaleza. En consecuencia, empezaste a acumular una deuda de pecado que ha ido creciendo exponencialmente hasta que, de repente, te das cuenta de la magnitud que tiene. Al mismo tiempo, Dios existe y Él es santo. Como ya sabemos, el pecado simplemente no puede estar delante de Él. Dios, quien es el estándar de la santidad, ha dictaminado que el pago del pecado es muerte (Ro 6:23). Básicamente, tú y yo, querida hermana, merecemos la muerte eterna pues hemos pecado desde nuestro primer aliento de vida.

Aceptar esta verdad puede ser difícil, pero no hay nada qué temer, pues Dios ha sido bueno. En su bondad, decidió pagar por nuestros pecados al enviar a su Hijo Jesús. No había absolutamente nadie más que pudiera hacerlo, únicamente Él. ¿Recuerdas por qué? Porque Cristo, completamente Dios y completamente humano, vino a este mundo caído y, a pesar de haber sido tentado como lo somos nosotras, nunca cayó en tentación. Jesús vivió una vida perfecta; Él nunca pecó. Por el contrario, como vemos en Hebreos 12:2, Cristo, por el gozo puesto ante Él, soportó la cruz. Esto quiere decir que Jesús tomó el castigo que tú merecías y lo pagó eternamente en sí mismo.

Es por la gracia de Dios, hermana, que podemos tener fe en su obra de que todo nuestro pecado, el pasado, el presente y el futuro, está totalmente pagado.  A esto se le llama expiación sustitutiva, es decir, que una persona pague en tu nombre. Y la declaración de que Cristo te hace justa ante los ojos de Dios es la justificación.

Si finalmente entendemos que somos justificadas porque por fe creemos que Jesús pagó por nuestros pecados y la deuda ha sido saldada, ¿por qué seguimos pecando? Martín Lutero, quien acuñó la frase simul justus et peccator, que significa, “al mismo tiempo santos y pecadores”, comenzó sus 95 tesis reconociendo que nuestro Señor y Maestro Jesucristo quiso que toda la vida de los creyentes fuera de arrepentimiento. ¿Cuál es la razón? Pues,aunque somos perdonadas y justificadas en Cristo, todavía vivimos en un mundo quebrantado y, aquí, seguimos pecando.Sin embargo, debemos recordar que hemos sido declaradas justas en Cristo y ya no debemos temer al juicio de Dios. El pacto unilateral que Dios ha hecho para nuestra justificación no depende de nosotras, únicamente de Él.  Tu justificación no se basa en lo que hiciste, lo que haces o lo que vas a hacer, sino en lo que Jesús ya hizo en la cruz.

Ahora, hay algo muy importante que debemos tener en cuenta. Que nuestros pecados estén perdonados no significa que el pecado que seguimos cometiendo no afecte nuestra relación con Dios. La realidad es que el pecado tensa demasiado nuestra comunión con Él. Es similar a lo que pasa en las familias. Amas a tus hijos sin importar nada, sin embargo, cuando pecan contra ti, la relación se tensa. Para dejar la tensión atrás, es necesario que haya una reconciliación. Lo mismo busca nuestro Padre celestial que hagamos. Necesitamos confesarnos, arrepentirnos y volver a Él para que nuestra relación continúe prosperando, claro, no buscando el arrepentimiento con temor de que nos pueda sacar de su familia.

Hermana, esto es lo que significa obtener el perdón de los pecados en Cristo: que eres hecha justa ante sus ojos por la obra terminada de Jesús en la cruz a través de tu fe. Dios no recuerda tus pecados y, además, tu lucha actual contra el pecado ha sido pagada en su totalidad por Jesús. Eres libre del juicio y de la muerte eterna que merecías en Cristo y, también, en Él, eres libre de arrepentirte por el resto de tu vida. ¡Qué bendición nos ha dado Dios en Cristo! Que Dios continúe concediéndonos el arrepentimiento mientras buscamos glorificarlo y disfrutarlo para siempre.

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Liberada por Cristo #cautivadaensugracia
@cautivadaensugracia #enthralledbygrace

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