Corriendo por el premio- Catecismo de Heidelberg: pregunta 63

Corriendo por el premio- Catecismo de Heidelberg: pregunta 63

Pregunta: Luego, ¿cómo es posible que nuestras obras no merezcan nada si Dios promete remunerarlas en la vida presente y en la venidera?
Respuesta: Esta remuneración no se da por merecimiento, sino por gracia (a).
Versículos de apoyo: (a) Lucas 17:10.

Si te preguntara qué tipo de vida y legado quisieras dejar en la Tierra, seguramente dirías que una vida hermosa, que inspire, una vida como de cuento de hadas. La realidad es que una vida hermosa es una llena de servicio. Tal vez hayas visto los videos que se hicieron virales sobre un joven que acompaña en el metro a una anciana a la que no conoce, y la toma de la mano para que no tenga ansiedad en medio de la multitud, o el de una niña pequeña empujando la silla de ruedas de su mejor amiga que sufre de parálisis cerebral, o el de un joven que paga la comida de alguien que no tiene dinero para hacerlo. Esos videos se vuelven virales porque demuestran sacrificio y amor desinteresado. Inspiran porque todas fuimos creadas para servir a otros. En el reino de Dios, ese servicio sincero y desinteresado que exalta a Dios y que honra a Cristo tiene recompensas. Pero, si no somos salvas por nuestras obras, ¿no es contradictorio que nos recompensen por ellas? Vayamos a la pregunta 63 del Catecismo del Heidelberg para conocer un poco sobre la doctrina de las recompensas.

Como hemos dicho una y otra vez, la salvación viene solo por gracia a través de la fe en Cristo para la gloria de Dios. Las buenas obras jamás podrán salvarnos porque siempre estarán manchadas de pecado. Cristo es el único camino hacia la salvación. Sin embargo, Dios es un Dios de abundancia, un Dios que busca magnificar su nombre y darnos su gozo, por lo tanto, una vez que somos salvas por su gracia, Dios cambia nuestros corazones. Nuestro corazón ahora anhela obedecer y servir y adorar a Dios en todo lo que hacemos. Al obedecerlo, servirlo y adorarlo, Él promete otorgarnos recompensas ante el trono o “bema” del juicio de Cristo.

Permíteme explicarte el concepto “bema”. El uso original de esta palabra era empleado en las competencias atléticas de la antigua Grecia, los Juegos Ístmicos, que eran como los Juegos Olímpicos. Todos los concursantes con el emblema oficial competían. Todo el que tenía su registro estaría en la carrera y cada uno la terminaría. No obstante, solo aquellos que ganaban llegaban al “bema”, que es el podio o la plataforma de los jueces, y es ahí en donde recibían el premio. Esto significaba que, mientras todos participaban en la competencia, solo los ganadores eran llamados a recibir el premio en la plataforma, en la “bema”.

Cuando Pablo habla sobre el juicio en Romanos 14:10 y 2 Corintios 5:9 hace alusión precisamente al término que acabamos de profundizar, “bema”. Él no se refiere a un juicio para salvación o condena. Todos los participantes estaban en la carrera porque estaban registrados, o sea, porque son salvos en Cristo. Corrían porque tenían el emblema oficial dado por la fe en Jesús. Él pagó la admisión para correr en esa carrera. Ahora corrían por la recompensa “…ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor; porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito” (Filipenses 2:12-13)
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Hermana, correr esta carrera implica esfuerzo, tu esfuerzo como participante en la carrera de la fe. Dios te ha dado la capacidad de obedecer y poner todo el sudor posible para lograr tu salvación, sin embargo, tú eres quien tiene que correr. Tú eres la que debe tener el deseo de vivir una vida para Cristo. Nadie más puede hacerlo por ti. Cuando lo hagas, hermana, recibirás una recompensa, una corona, una medalla (1 Co 15:10, Col 1:29).

Ahora, ¿qué pasa con los incrédulos, con las personas que no siguen a Jesús pero siguen haciendo buenas obras? Ellos hacen su mejor esfuerzo, tienen buenas intenciones. La diferencia es que ellos reciben y recibirán los elogios de los hombres, pero no de Dios. Pese a que no están corriendo la carrera de la fe, no recibirán las recompensas en la “bema”. Sin importar cuán grandes sean sus esfuerzos, no estarán dentro de la carrera. Solo Cristo puede darles el emblema oficial para participar en la carrera de la fe. Al igual que nadie compite en los Juegos Olímpicos a menos que tenga el registro olímpico oficial, aquellos que hacen buenas obras sin Cristo lo hacen fuera de la carrera de fe y, como tal, sus nombres no están escritos en el libro de la vida, ellos perecerán porque por sus obras nadie se salva.

Así que, hermana, mi oración es que por la gracia de Dios hayas puesto tu fe en Cristo y tengas tu registro oficial para la carrera de fe. Que, ahora, corras para obtener el premio. Hermana, grandes y gloriosas recompensas te esperan al término de esta gran carrera, ¡no te des por vencida!

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En fe en Cristo. #cautivadaensugracia
@cautivadaensugracia #enthralledbygrace

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