Fe y la Palabra de Dios- Catecismo de Heidelberg: pregunta 65

Fe y la Palabra de Dios- Catecismo de Heidelberg: pregunta 65

Pregunta: Si solo la fe nos hace participantes de Cristo y de todos sus beneficios, dime, ¿de dónde procede esta fe?
Respuesta: Del Espíritu Santo (a) que la hace obrar por la predicación del santo Evangelio, encendiendo nuestros corazones, y confirmándola por el uso de los sacramentos (b).
Versículos de apoyo: (a) Efesios 2:8, 6:23; Juan 3:5; Filipenses1:29. (b) Mateo 28:19; 1 Pedro 1:22, 23.

¿Has escuchado la idea del pensamiento positivo? Esta dice que, si piensas cosas buenas, ellas vendrán a ti. Por supuesto, esta afirmación es falsa. He visto a muchas personas con esta mentalidad morir de cáncer o perder sus trabajos. También he visto muchos cristianos que, siguiendo estas ideas, sonperseguidos. No, hermana. No podemos definir nuestro destino confiando únicamente en pensamientos positivos. Así comotampoco podemos juntar la fe necesaria para ser salvas. No se trata de qué tan positivos son tus pensamientos ni de lo que puedas hacer, ¡se trata de Dios y de lo que Él ha hecho! Dios está en control de todo. Él es soberano. Dios es quien comienza todo y lo usa para su gloria. Él es quien nos da la fe. Veamos de dónde viene la fe que salva mientras estudiamos la pregunta 65 del Catecismo de Heidelberg.

La fe es un regalo que nos fue dado por parte de Dios. Efesios 2:8 dice que por gracia somos salvas por medio de la fe, y no por algo que nosotras hayamos hecho, sino porque fue un regalo de Dios. Pero, ¿por qué Dios decidió darnos este obsequio? Debido a que nacimos pecadoras, tú y yo, querida hermana, deseamos y tenemos la capacidad de pecar. Incluso cuando, por la gracia de Dios, no actuamos con todo el potencial de maldad que tenemos, nuestras acciones están manchadas por el pecado. La naturaleza de nuestro corazón pecaminoso no puede reunir la fuerza necesaria para buscar a Dios. En Romanos 3:10-12 Pablo dice: “…no hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!” Así que, hermana, Dios nos dio este regalo porque solas no podemos. Corazones no regenerados no pueden buscar a Dios, por lo tanto, necesitábamos uno nuevo. Debemos entender que Dios comienza el proceso, no nosotras. Su gracia es tal que nos concedió la fe. ¡Veamos cómo!

Bueno, la Biblia dice en Romanos 10:17 que la fe viene de escuchar, de escuchar a través de la Palabra de Cristo. Es precisamente la Palabra, el Evangelio, lo que produce la fe. Y hermana, ¡esto es ENORME! ¡Cada vez que compartimos el Evangelio hay una oportunidad para la fe! No “vamos pues” (Mt 28:19) para hacer amigas al azar o simplemente para explorar el mundo; “vamos pues” porque queremos hacer discípulos. Laúnica manera de hacer discípulos es a través de la fe que depende de Dios y que viene al escuchar la Palabra de Cristo, el Evangelio, la Biblia. Dios nos da la fe para que no creamos que somos tan fabulosas que creímos en Él por nuestras propias fuerzas. También, para que no pensemos que fue gracias a nosotras que alguien se convirtió a Cristo. Dios da el don de la fe para que, en justificación y en salvación, Él y solo Él sea glorificado y nuestro gozo sea completo.

Hermana, ¡el regalo de la fe es magnífico y hermoso! ¿Lo entiendes? Dios se glorifica al permitirnos “id pues”. Él no nos necesita y, sin embargo, en su perfección, permite que nosotras, que tú y que yo, difundamos su mensaje con la expectativa de que muchas más escuchen, crean y sigan a Cristo.

La realidad, hermana, es que vivimos en un mundo destrozado, un mundo sin esperanza. La gente está sufriendo y busca darle significado a su vida fuera de Dios. Muchas personas simplemente están buscando una “vida abundante” en los lugares equivocados. Mientras tanto, nosotras, cristianas, nos sentamos complacientemente sin darnos cuenta de la batalla espiritual que está pasando a nuestro alrededor y nos quedamos sin decir nada. Tal vez nos enojamos, gritamos, maldecimos, y odiamos a quienes promueven estas ideas, olvidando que están actuando como quien su corazón no ha sido redimido.

Hermana, si queremos promover y ver el cambio, debemos convertirnos en hacedoras de discípulos. Necesitamos sentir la urgencia y orar y llevar el Evangelio a todos, a cualquier lugar y en cualquier momento sin importar el costo. Necesitamos hincarnos constantemente ante el trono de la gracia pidiendo que la fe se extienda como un fuego salvaje mientras proclamamos audazmente que solo Jesús salva. Al cerrar esta enseñanza, hermana, ruego para que Dios te dé la premura de orar por su misericordia y su fe, y para que te dé la audacia de compartir porque no hay otro remedio para la humanidad fuera de la cruz de Cristo.
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En oración. #cautivadaensugracia
@cautivadaensugracia #enthralledbygrace

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