Comunión hacia la unidad- Catecismo de Heidelberg: pregunta 77

Comunión hacia la unidad- Catecismo de Heidelberg: pregunta 77

Pregunta: ¿Dónde prometió Cristo que tan ciertamente dará a los creyentes en comida y en bebida su cuerpo y sangre como comen de este pan roto y beben de este vaso?
Respuesta: En la institución de la cena, cuyas palabras fueron: Nuestro Señor Jesucristo, la noche que fue entregado, tomó el pan, y habiendo dado gracias, lo partió y dijo: Tomad, comed, esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced en memoria de mí. Asimismo, tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre;haced esto todas las veces que la bebiereis en memoria de mí.Así, pues, todas las veces que comiereis este pan y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que Él venga (a).  Pablo repite esta promesa cuando dice: ¿La copa de bendición que bendecimos, no es la comunión de la sangre de Cristo? ¿El pan que partimos, no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo: pues todos participamos de aquel mismo pan (b).
Versículos de apoyo: (a) Mateo 26:26-28; Marcos14:22-24; Lucas 22:9, 20; 1Corintios 11:23-26. (b) 1 Corintios 10:16-17.

¿En algún momento te has detenido a ver el estado real de la Iglesia cristiana en el mundo occidental? ¡Vaya! En mi caso, con solo mi mirar mi corazón y mi propia iglesia puedo decirles que estamos divididos. A algunas de nosotras nos gusta la música mientras que a otras les molesta el sonido tan fuerte. Muchas disfrutamos de la predicación, sin embargo, muchas preferirían que durara un poco más. Hay quienes estamos de acuerdo con los cambios que hacen los pastores, pero hay quienes hubieran preferido otros ajustes. Entre más discutimos, fortalecemos los grupitos y pandillitas que formamos: las que estamos bien y las que no; nosotras contra ellas; ellas contra nosotras. Pero eso sí, ¡que no se nos ocurra hablar de la política del momento! Aparentemente, no podemos preocuparnos ni acercarnos a mujeres que abortaron si estamos a favor de cuidar la santidad de la vida. Tampoco podemos angustiarnos por los inmigrantes y refugiados si nos interesa la soberanía nacional. Mucho menos podemos defender el matrimonio bíblico si decidimos tener una amistad con nuestro vecino que es gay. Notemos que, en cada uno de los casos anteriores, Dios no está llamando a participar amando a los demás y a defender y a sujetarnos su Palabra. El caso es que formamos facciones. Un bando contra otro. Una iglesia dividida. ¿Hermana, qué estamos haciendo mal? ¿Cómo se relacionan estos problemas con la Cena del Señor? ¡Averigüémoslo mientras estudiamos la pregunta 77 del Catecismo de Heidelberg!

Seguramente conoces la historia de la última cena en la que Jesús partió un pan, tomó una copa y, compartiéndolos con los discípulos, les dijo que lo tomaran en memoria de Él. Quiero preguntarte, ¿alguna vez has indagado en el contexto dentro del cual Jesús estableció la Cena del Señor? Si nunca lo has hecho, puedes encontrarlo en Juan 13: 1-17:26. Jesús y los discípulos se encontraron en un aposento alto. Estando ahí, Jesús les lavó los pies y les dio un último mandamiento: amarse los unos a los otros. También les prometió al Espíritu Santo y les dijo que permanecieran en Él, pues, aunque el mundo los odiara y persiguiera, ellos vencerían. Finalmente, Jesús oró pidiéndole al Padre que todos seamos uno así como Él es uno con el Padre. Ahora, hermana, leamos 1 Corintios 11:17-26. Resulta que la iglesia de Corinto estaba dividida y creando bandos para demostrar quién estaba en lo correcto y quién no. Pablo no desperdició sus palabras con regaños, Pablo les recordó la última cena. ¿Por qué? ¡Porque recordar que Jesús está en el centro de nuestras vidas debe traer unidad a la Iglesia!

Hermana, ¡no participamos en la Comunión para sentirnos más santas! ¡No participamos en la Comunión porque el pan y el vino nos salvan! ¡Participamos en la Comunión porque nuestro espíritu necesita ser refrescado espiritualmente! La forma en que procesamos el mundo y las posturas que adoptamos con respecto a diferentes problemáticas actuales crean divisiones en nuestro corazón. Estas divisiones nos hacen permanecer dentro de “grupitos sagrados” compuestos por gente que “piensa como yo” y, al hacerlo, nosotras, tú y yo, fracturamos nuestras iglesias. El problema, querida hermana, en esta división, separación o ruptura, somos tú y yo. Necesitamos ser refrescadas en Jesús para comprender que solo Él puede cambiar nuestros corazones, mentes y acciones hacia hermanos y hermanas que pueden no estar de acuerdo con nosotras pero que aman a Cristo. Es importante tener siempre en cuenta que las bases del cristianismo no están en cuestión. No estoy abogando por un universalismo, sino por la unidad.

Hoy en día, así como la iglesia de Corinto, nuestras iglesias están sufriendo a causa de la necedad de nuestros corazones. Hermana, la Cena del Señor debe recordarnos que permanecer en Cristo es una realidad cuando por fe confiamos en Él como nuestro Señor y Salvador. Él permanece en nosotras a través del maravilloso Espíritu Santo y de la misma manera nosotras permanecemos en Él. Cuando lo hacemos, somos transformadas de forma que nuestras acciones muestran esa realidad. Es así como podemos amar a los demás y trabajar con ellos en el Reino de Dios incluso si no estamos de acuerdo en doctrinas secundarias o en la forma que llevan a cabo su llamado.  El derramamiento de la gloria de Dios en ellos permite y muestra a otros que Cristo es digno de ser seguido, obedecido, amado y glorificado. Hermana, ¡eso es lo que impacta al mundo!

Así que hoy, querida hermana, quiero preguntarte, ¿qué estás permitiendo que exista en tu corazón que divide a tu iglesia? ¿Es un tema superficial como el tipo de música que tocan en el tiempo de adoración o es una diferencia en la forma de aplicar un mandamiento que Jesús dio? ¿Meditarías en tu corazón sobre a qué posturas te estás aferrando tan fuerte que están siendo parte de la fractura de tu iglesia? ¿Al tomar la comunión, pedirías que Dios te recuerde que debemos luchar por la unidad en Cristo? Recuerda que, si Jesús no es el centro de tu vida y de tus acciones, sin importar cuán buenas sean tus obras, se volverán vanas. Invita a tus hermanos y hermanas a tomar la Cena del Señor para que la unidad de su iglesia se fortalezca.
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En esperanza. #enthralledbygrace
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